
Recuerdo como si fuese hoy cuando por primera vez te vi. Caminabas con el paso apurado de tus pies y al ritmo de las baldosas flojas. Toda vos se encontraba completamente empapada como consecuencia de esa extraña lluvia de verano que comenzó a caer repentinamente sobre la ciudad y cada uno de nosotros. Recuerdo que por mirarte fui golpeado en la frente por la punta de ese paraguas asesino, sediento de ojos ajenos, que portaba una anciana de baja estatura. Vos pasaste a mi lado y tus ojos se posaron en los míos por un segundo de eternidad. Recuerdo que por alguna extraña razón pude distinguir las lágrimas que te brotaban por entre las gotas de lluvia y sentí un click en mi interior que todavía hoy no puedo explicarlo. En ese momento te seguí con la mirada y vi como te metías en el interior de aquel bar que se encontraba en esa conocida esquina del centro.
Recuerdo que sin ninguna razón aparente decidí entrar al mismo bar que vos y me senté justo en una mesa a un costado de tu costado. Vos estabas junto al ventanal y mirabas a las personas, a la ciudad, y a la misma lluvia de una manera que me recordó una antigua postal que siempre me había causado el nudo en el estómago que ahora otra vez estaba sintiendo. Recuerdo que me acerqué a tu mesa y te ofrecí un pañuelo de papel donde dejar las lágrimas. Vos me agradeciste y yo dije algo que te arrancó sin querer una sonrisa. Nos pusimos a conversar y pedimos al mozo tomar algo fuerte y la fortaleza llegó dentro de una botella de tequila. Los vasos pasaban y me fui enterando de las razones de tus lágrimas, pero a medida que me contabas te ibas dando cuenta que no valía la pena llorar por ese tipo que pasaba a convertirse felizmente en tu ex.
Recuerdo que días después nos volvimos a ver, esta vez no fue por medio de las cartas del azar sino con una cita arreglada con precisión a través del teléfono. Yo te esperaba sentado dentro de un pub con vista al río y cuando llegaste creí que mi corazón iba a explotar de la emoción. Estabas realmente hermosa y recuerdo que por un segundo se me cruzó la idea de un futuro que no tardaría en llegar. Comimos y tomamos algo acorde a la ocasión. Después nos fuimos a caminar por entre calles empedradas mientras nos reíamos y nos mirábamos diciendo lo que la boca todavía no se animaba a decir. Recuerdo que un taxi nos llevó hacia mi departamento y que entre la música tenue de fondo y algunas velas encendidas nos dimos el primero de los tantos besos que tendríamos el uno para el otro.
Recuerdo que al llegar la mañana me desperté y al ver tu cuerpo desnudo descansando a mi lado, supe que desde ese preciso momento el amor se había instalado en nuestras vidas.
Recuerdo cuando te convencí de mudarte conmigo y me sorprendí de toda la ropa que tenías guardada, del viaje que hicimos a la costa durante aquella última semana de diciembre, de todas las fiestas y cenas de negocios que aprendimos a compartir, de las noches de estudios y las mañanas de exámenes en las que nadie hablaba con nadie, de los regalos sin motivo alguno, de los desayunos sorpresivos, de los mensajes grabados diciendo que te extraño, que te quiero, que te amo.
Recuerdo la posibilidad de un aumento de sueldo que me hizo dedicarle un poco de más horas a mi trabajo, a vos al principio te entusiasmó pero después comenzaste a no quererlo. Recuerdo que comenzaste a reunirte más tiempo con tus viejos amigos y que alguna vez, después de despertarte de algún sueño extraño, me llamaste por el nombre de tu ex. Recuerdo que aquella noche discutimos y yo me fui a dormir al sillón. Recuerdo que desde ese momento algo se quebró.
Recuerdo que mientras yo iba ahorrando, en el más absoluto de los secreto, para comprar la casa de nuestros sueños, vos comenzaste a hacer un curso de algo que te hacía volver a casa agotada y sin ganas de nada. Recuerdo que cada vez nos veíamos menos mientras vos lograbas juntarte cada vez más con tu nuevo grupo de amistades, hasta que una mañana me comunicaste por medio de una carta, escrita durante un momento de furia ciega, que hasta acá habíamos llegado, que te habías dado cuenta que yo había dejado se ser alguien importante en tu vida, y algunas otras cosas más que me hirieron, pero no tanto como el enterarme de que volvías con tu ex, aquel del que te habías separado cuando yo te encontré caminando sin rumbo a través de la lluvia y de la ciudad.
Y ahora, mientras me encuentro sentado en el bar en el que alguna vez estuvimos juntos, miro por el ventanal que tengo a mi lado a las personas, a la ciudad, y a la misma lluvia que comienza a caer. Y tristemente me doy cuenta de que te sigo recordando como siempre, como aquel primer día en que te descubrí y que jamás pude olvidar.